
-Debo de confesarte que te amo.
Lo dijo así, como quien dice "buenos días" y le dio un trago a su café, se volteo y me pareció que veía al infinito. La tarde era linda, clara, y alcanzaba a ver perfectamente el sol ocultándose entre las montañas, en eso pasó el mesero y le pedí un moka caliente; se empezó a escuchar una canción vieja, Edith Piaf "Les amants". Y aunque mi corazón parecía un motor desbordado, las palabras me abandonaron, no supe que hacer, ni que decir. Siempre lo vi tan despojado de esos sentimientos tan terrenales. Brisa y Alfredo entraron en ese momento al café y se sentaron con nosotros...